Sustainability
Intuition, experience and light: interview with artist Marcos Acosta.

Esta entrevista se inscribe en el marco del ciclo “ARTE Y SUSTENTABILIDAD, Interconexiones contemporáneas II”, realizado por PAN + el Centro Cultural Universitario Paco Urondo, perteneciente a la Facultad de Filosofía y Letras (UBA).

*Por Camila Orozco Demonte

Estudio en Río Ceballos, Córdoba. Ph Gonzalo Viramonte © Cortesía del artista.

Camila Orozco Demonte: Marcos ¿cómo estás? Primero que nada, muchas gracias por ser parte de este Ciclo de entrevistas de Arte y Sustentabilidad, organizado por Comunidad PAN y el Centro Cultural Paco Urondo. 

Sé que comenzaste a pintar desde muy chico y me interesa empezar por ahí ¿Cómo fueron tus inicios en la pintura? 

Marcos Acosta: Empecé desde muy chico a transitar el camino del arte, principalmente de la pintura. Desde el principio, cuando tenía unos ocho o nueve años, tuve clarísimo que lo que más quería o más me interesaba era pintar.

Me la pasaba todo el día dibujando y pintando. En un momento, le pedí a mi padre que me llevara a un taller para empezar a aprender y él recordó a una pariente que era pintora y fuimos a verla. Estuve con ella un año. Luego pinté mucho tiempo solo, después con otro profe cuando tenía doce y más tarde continué de manera autodidacta hasta que empecé la carrera en la Universidad de Córdoba. Ahí me gradué como Licenciado en pintura. Paralelamente a los primeros dos años en la Universidad, empecé en el taller del que yo considero mi maestro, Carlos Peiteado, un escultor muy importante de Córdoba. Con él estuve dos años y medio y fue una experiencia bárbara. Tenía diecisiete años y aprender de un artista tan importante y además tan buen maestro, fue una gran oportunidad para mi.

Marcos Acosta y su obra “Rayo” 2020. © Cortesía del artista.

COD: ¿Y cómo llegas al paisaje como elemento central de tu obra?

MA: El tema del paisaje se empezó a dar de manera natural, es un poco difícil escapar al paisaje en un lugar como el que yo nací y vivo, porque el paisaje lo invade todo. Las sierras están muy cerca, y tuve mucho contacto con ellas desde chico porque uno de mis hermanos -que me lleva veinte años de edad- es biólogo. Lo acompañaba en algunas excursiones que hacía en la naturaleza buscando lo que tenía que estudiar y así empecé, creo yo, a compenetrarme en la naturaleza de una manera por ahí distinta de lo que la gente normalmente lo hace.

Yo iba y me metía en el monte con él, por ejemplo, cuando fuimos a Catamarca, él estudiaba escorpiones y había que ir a recolectarlos a la noche, a las once o doce de la noche ya que son animales nocturnos. Íbamos a esa hora al medio del monte, en el medio de la nada con una lámpara ultravioleta a buscarlos. Tienen en la piel una sustancia que brilla con la luz ultravioleta, entonces los veíamos y esas son experiencias inolvidables en la naturaleza.

Nocturno V, óleo sobre tela, 96 x 95-cm, 2021. © Cortesía del artista.

O también la zona de las Yungas en Tucumán o Salta. Tener esas experiencias desde tan temprana edad, creo que me marcaron mucho. La conciencia sobre la naturaleza estuvo desde el principio por mi relación con él, de hecho yo antes de ser pintor quería ser biólogo. Quise ser geólogo, biólogo, arqueólogo, pero un día me di cuenta que para todo eso había que estudiar matemática y dije no: voy a ser artista. 

Esas experiencias realmente marcaron mi forma de ver el mundo. Y el paisaje se empezó a volver algo casi inevitable en mi pintura. Así, después de un buen tiempo de trabajar en ellos empecé a encontrar un sentido más conceptual. Para el artista es mejor dejarse llevar y después construir alrededor de eso que nació sólo a partir de la intuición. 

Gran ola. © Cortesía del artista.

Más allá de que siempre he sido una persona que le gusta leer e investigar, no me identificaba con esos sistemas de pensamiento. Pero empecé a descubrir que la pintura, o el arte en sí, es un ejercicio espiritual al fin y al cabo. Y me di cuenta que ahí las palabras no alcanzan, los  conceptos quedan vacíos, porque todo es un proceso intuitivo muy profundo. Es el mismo proceso que uno vive  cuando se vincula con el mundo, o con la naturaleza por ejemplo, desde un lugar que no es la necesidad de entenderla y dominarla sino comprendiéndose como parte de ella. De entenderse o sentirse una parte más del todo, y no de dominar o manipular.

COD: También quería preguntarte por tu metodología de trabajo, ¿Cómo llegas a la confección de cada imagen? ¿Cómo elegís los espacios?¿Realizás viajes por el país? ¿Sacas fotos o utilizás alguna tecnología particular?

MA: El método de trabajo ha ido mutando mucho a lo largo de mi vida. En principio me encerraba bastante a pensar qué iba a hacer y preparaba bocetos. Después tuve una etapa muy larga que pinté de una manera muy expresionista o muy suelta; yo veía el lienzo en blanco y empezaba a mancharlo, lo giraba y luego trataba de construir a partir de lo imprevisto. Eso fue un proceso bastante largo que me llevó hasta donde yo considero que esta etapa de algún modo culmina, una serie de obras que llamé Origen de la catástrofe. Allí ya está plenamente el paisaje y la dicotomía entre el hombre creyéndose que no es parte y la naturaleza que todo lo abarca en el plano físico. Esa etapa fue muy importante porque dio paso al momento donde comienzo a romper con todo eso que había construido y empiezo a encontrarme con la misma idea pero desde perspectivas nuevas. Y las nuevas perspectivas implican una especie de vuelta o retorno a algo que había hecho a mis doce o trece años, una imagen mucho más realista, casi hiperrealista. Y ahí, en ese punto, volví al recurso del boceto previo. Cuando uno trabaja una pintura que es muy fiel a la imagen real, es imposible inventarla. Comencé nuevamente a tomar fotos, y utilicé muchas que había sacado en viajes o vacaciones y que nunca pensé que iban a ser parte de mi obra. Después empecé a hacer pequeños viajes para sacar fotos con el fin de que sean pinturas. Ahí entra ya de lleno el paisaje natural nuestro, porque en un principio me basé en lugares a donde estuve y eso implica  jugar un poco con el recuerdo y la imagen capturada, con la irrupción de algo que siempre desestabiliza ese paisaje. También pintarlo de una manera muy hiperrealista tiene que ver con que la naturaleza, a veces se nos presenta como algo inmutable e inalcanzable, como una violencia hacia nosotros que es perfecta siempre. Como pararse frente a una montaña y sentir que no podemos ser parte de eso; realmente no asumimos que lo somos. Por eso, mi decisión de pintar así, tiene un sentido más profundo que simplemente lograr una imagen fidedigna. Hay una indagación espiritual a través de esa idea, es decir, me interesa presentarlo como lo que es, que excede nuestra subjetividad o percepción. Es difícil explicarlo en palabras…

Me fui dando cuenta que los enfoques que realizo del paisaje son distintos, justamente porque mi mirada es contemporánea inevitablemente, atravesada por un encuadre más relacionado al cine y al movimiento, incluso a lo digital. Me he formado desde chico en un mundo en el que empiezan a ser protagonistas las computadoras y los lenguajes audiovisuales, por ende la visión o el punto de vista del paisaje se transforma con respecto a lo que podríamos llamar mis antecedentes o ancestros pintores de Córdoba con su tradición paisajística. Aquellos eran paisajes más panorámicos, en cambio en mis imágenes uno está como metido dentro del paisaje, en el río, dentro del agua y desde ahí se ven las piedras, por ejemplo.

Rayo. @ Cortesía del artista.

COD: Justamente mi próxima pregunta es ¿cómo entendés el término ‘naturaleza’ aplicado en tu obra? Vi el documental que realizaste con Ether ¿Cómo se da esa vastedad de la que hablas, propia de la naturaleza, en el proceso intuitivo de la pintura?

MA: Creo que a la naturaleza primero que nada no se la puede entender, lo único que uno puede aspirar es a tratar de conectar con lo que uno es a través de ella. Es un recurso de aprendizaje. La naturaleza está en uno mismo, no está en otro lugar. No está en las montañas que voy a ir a ver con el auto recorriendo cincuenta o sesenta kilómetros por la ruta. La naturaleza con todo ese poder y esa potencia está adentro mío, adentro tuyo y de cada uno también.

Y hay un error de percepción o dualidad, que nos engaña, como si se tratara de dos realidades diferentes. Ese engaño o esa ilusión se empiezan a desentrañar cuando uno se da cuenta de que todo converge en unidad. La montaña que está allá lejos está adentro mío también y por ende así lo está todo lo que existe en el Universo, en este plano físico. Aspirar a querer entenderlo es un imposible, porque en realidad a lo que tenemos que aspirar es a ser parte de nuestro medio y no a comprenderlo. Siendo parte, recién ahí ya “entendería todo”, entre comillas claro. Tal vez el ejercicio es progresivamente alejarse de la percepción para de algún modo alcanzar Conocimiento.

COD: Esta idea de que la naturaleza no es algo apartado de nosotros me hizo acordar a la comparación que realizas en el documental. Allí contrapones las grandes ciudades con los hormigueros. Ambos podrían pensarse como elementos de la naturaleza. Las hormigas crean una organización mayor entre ellas, un hormiguero, natural. Y así lo hacen también las personas con las ciudades

MA: Si. Tuve una serie que se llama Todas las ciudades y el otro día me di cuenta, escuchando a Spinetta, que me inspiro más en ciertos músicos que en otros pintores. Y el título de esta serie surgió de un tema de él que se llama Preso ventanilla. En una parte dice “quería ver desde arriba todas las ciudades sin gente ya”. Así imaginé las urbes como una especie de resto fósil, de millones de años de antigüedad. Esas letras y melodías me traen imágenes muy potentes. En un principio esa serie trató de eso, de abordar el problema de la naturaleza ya no como algo ajeno a nosotros, sino como parte; una ciudad entendida como parte de la naturaleza.  La propia computadora con la que estamos hablando en esta entrevista es naturaleza, no es artificial, porque en ese sentido también tendría que entender que el hormiguero lo es.

Cuando algún organismo hace algo que le es útil, o funcional, no pensamos que es artificial. Yo no pienso que el nido de un pájaro… por ejemplo el nido de un hornero sea artificial ¿Y por qué esta computadora si? está compuesta por elementos que provienen también de la naturaleza, la hicimos nosotros. La paradoja es esa, que al fin y al cabo, aunque aparentemente es conflictivo, nos damos cuenta que todo es una sola cosa. Entonces ¿contra qué luchamos?

COD: ¿Hay alguna simbología en las figuras abstractas que irrumpen en los paisajes de tu obra?

MA: La geometría podría entenderse, en algún punto, como una especie de representación de lo que es nuestro ego, queriendo entender las cosas. Igual es interesante que cada uno le encuentre el sentido, pero es una forma de pensarlo en relación a estos temas, el querer entender pero siempre desde la perspectiva que le es útil al ego. Estas geometrías son símbolos que dejo que fluyan y surjan de acuerdo a un proceso absolutamente intuitivo. No hay ninguna clase de cálculo u orden en ellas. Cuando hice Las Ciudades, puntualmente, ahí sí a veces iba recortando espacios entre los edificios y de ahí surgían ciertas geometrías acordes, pero también intuitivamente.

COD: Vi que últimamente estuviste trabajando en la realización de los Paisajes nocturnos ¿cómo surgieron?

MA: Empezaron a surgir hace poco y de una forma muy extraña. Yo había vendido una obra a un coleccionista de Córdoba y esa persona, me dijo “Me encantaría tener una pintura tuya de un río, pero en tonos más grises, negros…” Y se me encendió así una lamparita. Pensé para mis adentros: qué interesante hacer una serie que sea solamente blanco y negro… y cuando me puse a trabajar me di cuenta que me gustaba llevarlo a un tono muy bajo, que pareciera de noche. El efecto que queda al final, es como de un paisaje iluminado por la luna, donde solo hay blanco y negro. Es algo nuevo, como un ovillo que voy desenmarañando en el último tiempo y que sin dudas seguirá evolucionando.

En un principio surgieron dos tipos de paisajes: unos bien realistas con geometrías, algunas veces sin ellas y otros trabajados de una manera más suelta, hechos con cierta brutalidad. Entonces esos dos carriles se empezaron a cruzar y están surgiendo obras donde se combinan los dos lenguajes. La primera obra que surgió de eso es la que nombre Dualidad.

Empecé a tratar de abordar el problema de la dualidad desde la plástica, desde la imagen y ver a dónde me va llevando eso. Pero repito, yo siempre voy trabajando de cierto modo bajo la premisa de la intuición. Después de que lo hago llega una certeza íntima de lo que es, que normalmente no puede ser puesto en palabras, por eso cada vez más, me resisto a tratar de entender desde un pensamiento racional. Es importante no condicionarse con las propias palabras, es muy peligroso para el artista no ser libre y eso es un problema grave para lograr sus objetivos. Por eso, en cierto modo, escapo a cualquier clase de cosa que me condicione, como una ideología, pensamiento específico, o incluso pensar mucho qué estoy haciendo.

Prefiero ir con la marea, avanzando, dejando que las imágenes fluyan y surjan porque las cosas que provienen de un plano no intelectual, el plano de donde provienen esas imágenes y asociaciones visuales, hay que respetarlo. Posiblemente sea esa la función que vengo a cumplir. La libertad se trata de eso, de poder contradecirme también.

Me importa el camino, el proceso, las experiencias que voy teniendo. Cuando pinto, más que el resultado final, me importa lo que vivo en ese momento. Vienen imágenes, conexiones, experiencias de la vida…. la pintura es una excusa, es como una especie de meditación que me lleva a ir en contra de la corriente, a contrapelo de las cosas.

Porque pareciera que nunca hay tiempo para procesar lo que uno necesita procesar, elijo la pintura para eso. Y en ese sentido el óleo, que posiblemente sea la técnica que más paciencia requiere en la pintura, me ayuda a cumplir ese objetivo. El último tiempo exploré la acuarela también, me pareció alucinante.

También, en lo que respecta al paisaje en sí, la luz es muy importante. Cuando Van Gogh vivió en Holanda pintaba oscuro, eran pinturas muy lúgubres porque la luz ahí no es tan brillante. Pero cuando viajó a Francia, se deslumbraba en un campo de trigo ¡Imaginate si lo lleváramos a Tilcara!  La luz condiciona al pintor. La luz de las sierras, no es igual que en Buenos Aires, es distinta. Se ve cómo mutan los pintores de acuerdo a la región en la que están y el color puede cambiar según la luz de donde están.

Forma inesperada I, óleo sobre lienzo, 71,5 x 44 cm, 2021. © Cortesía del artista.

COD: ¿Tenés algún artista referente que se dedique o se haya dedicado al paisaje?

MA: Específicamente con el tema paisaje no. Sí, tengo muchos artistas de todos los tiempos que me gustan. En una época me fasciné mucho con Gerhard Richter, uno aprende mucho de artistas tan increíbles que han dejado un legado tan fuerte. Pero no siento que haya pintores específicos de paisajes que me hayan influido, o que seguí alguna corriente.

En ese sentido siento que la propia experiencia dentro del paisaje me ha influido, el meterme en su vastedad. Y como te comenté, creo que me influyen más los músicos que otros pintores. De hecho, tuve la posibilidad mágica de conocer a Gustavo Cerati fue gracias a la pintura. Le dije en su momento, que él se había transformado en una especie de maestro para mí con su música. Y eso me parece increíble, la conexión entre artes distintas, donde yo puedo considerar a un músico mi maestro, y que al fin y al cabo todos buscamos lo mismo, no importa la forma física que tome: música, pintura, danza, teatro. Lo que importa es el trasfondo, el plano sutil de todo esto y ahí nos conectamos.

Esa experiencia me ha marcado muchísimo, la música para mi es un arte absolutamente completo. También fue de gran influencia para mí Radiohead, de más chico Peter Gabriel; he tenido otras etapas en las que también escuchaba a Piazzolla, cuando tenía diecisiete o dieciocho años, era una poderosa influencia. Y bueno, la música llevó a encuentros mágicos como ese con Gustavo, nos hicimos íntimos de golpe, como si nos conociéramos de siempre. Lo vivido en esos encuentros con él fue increíble. 

COD: ¿Tenés una última reflexión sobre la palabra ‘sustentabilidad’?

MA: Creo que si no buscamos incansablemente la sustentabilidad vamos a desaparecer, es decir, por más que eso va a pasar inevitablemente, como con todas las especies, es un acto suicida no buscarla y hacerla el foco de nuestro paso por el mundo…no entiendo cómo se puede, hoy día, encarar la vida sin preguntarse siquiera un poco sobre esa palabra, o el significado de esa necesidad. Hay mucho que aprender, lo importante es tener la mente y el corazón abiertos a dar. Y en esto todos y cada uno somos responsables.


* Camila Orozco Demonte es estudiante de grado de la carrera Artes de la Universidad de Buenos Aires.

Estudio en Córdoba. © Cortesía del artista.

 

Tensión, óleo sobre tela, 140 x 120 cm, 2021. © Cortesía del artista.

 

Invasores, óleo sobre tela, 150 x 200 cm, 2021. © Cortesía del artista.

 

Nocturno III, óleo sobre tela, 96 x 95 cm, 2021. © Cortesía del artista.
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